
Caseres es un pequeño municipio de apenas 250 habitantes situado en la comarca de la Terra Alta, en Tarragona, junto al río Matarranya, un afluente del Ebro reconocido por su alto valor ecológico y su excelente estado de conservación.
La agricultura y la ganadería siguen siendo actividades fundamentales en la vida del municipio y han definido históricamente su relación con el territorio. En este contexto, el paisaje y el entorno natural forman parte esencial de la identidad local y de la manera en que sus habitantes entienden y viven el espacio que les rodea.

UN TERRITORIO CON MÁXIMA PROTECCIÓN LUMÍNICA
Esta estrecha vinculación con el territorio convierte la iluminación pública en un elemento especialmente sensible. Más allá de garantizar la seguridad y la visibilidad en el espacio urbano, el alumbrado tiene un impacto directo sobre la calidad del cielo nocturno, la biodiversidad y la integración de la luz en el paisaje, aspectos especialmente relevantes en un entorno natural de estas características.
A ello se suma la regulación lumínica establecida por la Generalitat de Catalunya que divide el municipio en distintos niveles de protección lumínica (E1, E2 y E3), según la sensibilidad ambiental de cada zona. El entorno más próximo al río Matarranya está clasificado como E1, el nivel máximo de protección, debido a la necesidad de preservar la fauna, la flora y las condiciones naturales del cielo nocturno. El resto del municipio se distribuye entre zonas E2 y E3, con requerimientos progresivamente menos restrictivos.

HACIA UN NUEVO MODELO DE ILUMINACIÓN
Con el objetivo de modernizar la instalación existente y mejorar su eficiencia energética, el Ayuntamiento de Caseres impulsó una renovación integral del alumbrado exterior del municipio.
Las antiguas luminarias, basadas en tecnología de vapor de mercurio, presentaban limitaciones tanto en calidad lumínica como en consumo energético, haciendo necesaria una solución adaptada a la normativa vigente y a las nuevas exigencias ambientales.
La actuación debía responder a los estrictos criterios de protección lumínica del entorno y, al mismo tiempo, ofrecer una iluminación más eficiente, confortable e integrada en el paisaje nocturno. El reto consistía en combinar eficiencia energética, calidad de luz y reducción del impacto ambiental en un entorno especialmente sensible.

UN PROYECTO DE ILUMINACIÓN DISEÑADO POR LOS VECINOS
Más allá de la normativa, el Ayuntamiento decidió abrir el proceso a la ciudadanía. Se organizaron reuniones informativas y pruebas piloto de iluminación en distintas zonas del municipio para explicar a los vecinos las diferentes opciones y sus implicaciones sobre el entorno.
Estas pruebas permitieron comprobar directamente los beneficios de la iluminación ámbar, especialmente en la recuperación de la visibilidad del cielo nocturno, la integración de la luz en el paisaje y el respeto por los ritmos circadianos. La respuesta ciudadana fue ampliamente positiva y acabó consolidando un consenso en torno a un modelo de alumbrado más cálido, eficiente y respetuoso con el territorio.
Fruto de este proceso participativo, el municipio apostó por una solución de iluminación ámbar para todo el núcleo urbano y su entorno. En total, se instalaron 300 luminarias Clamod de Carandini, una solución de estética clásica especialmente diseñada para integrarse en entornos históricos y rurales como Caseres. Su diseño permite mantener la coherencia visual del espacio urbano al tiempo que incorpora tecnología LED de alta eficiencia y distribuciones ópticas pensadas para minimizar la contaminación lumínica y la luz intrusa.


EFICIENCIA, CONFORT Y RESPETO AMBIENTAL
Para maximizar el ahorro energético, el proyecto no solo contempló la actualización a tecnología LED, sino que también incorporó un sistema de regulación inteligente del flujo lumínico, que reduce la potencia al 70% a partir de medianoche, manteniendo el 100% durante las horas de mayor tránsito, adaptándose así al ritmo de actividad del municipio.
Gracias a esta gestión, se ha logrado un ahorro energético del 70%, una mejora de la uniformidad lumínica con valores de 0,6–0,7 y un índice de reproducción cromática (CRI) de 60, lo que se traduce en un mayor confort visual y una iluminación más equilibrada.
Tradicionalmente, se ha asociado el uso de temperaturas de color frías con una mayor eficiencia, mientras que el PC ámbar se consideraba un compromiso entre eficiencia y calidad cromática. Sin embargo, la rápida evolución de la tecnología LED ha permitido superar estas limitaciones, alcanzando hoy niveles de reproducción del color muy superiores a los de antiguas luminarias de vapor de mercurio o sodio, sin renunciar a una alta eficiencia energética.
Más allá de los datos técnicos, el proyecto ha supuesto una mejora significativa en la convivencia con el entorno natural, contribuyendo a la recuperación del cielo nocturno y al refuerzo de la identidad paisajística de Caseres.

Clamod es la luminaria de Carandini para aplicaciones ambientales con un diseño clásico y urbano.